"Se ha calculado que los adolescentes escuchan música un promedio de 40 horas a la semana.
Desde que se levantan hasta que se acuestan, e incluso muchos de ellos duermen con música. Es utilizada como música de fondo y acompañamiento desde la ducha, mientras hacen los deberes o ayudan en las tareas de casa, cuando van en metro, bus, coche o moto, o mientras ven la televisión o hablan con los amigos."
La música, celda de los pensamientos que puedan rayar la obsesión. Comienza un canción y te olvidas de la bronca de tus padres. No la dejas acabar, cambias, dejas de sentir el pantalón que te aprieta más que el mes pasado. Saltas cinco para ocupar tu mente con un buen recuerdo. Retrocedes dos, derramas las lágrimas que luchan por salir de su cárcel desde hace tanto tiempo.
La música, tren de alta velocidad al País de Nunca Jamás. Pero siempre hay algún cocodrilo que te recuerda: "tic, tac, tic, tac; es hora de crecer".