Querida agenda,
Perdóname por tenerte en paro durante el invierno; es mejor así, planes espontáneos. Ya sabes que prefiero lo imprevisto.
En verano quizás te sobreexploto, pérdoname también. Hay tantas horas, tanto tedio, tanta compañía, que yo también me saturo. Por favor, no te hagas sindicalista.
Un día estallaremos las dos y trocitos de papel caerán bailando sobre mis restos. El orden y el caos, juntos en el lecho de muerte. Suena maravillosamente bien.
Por último, te doy las gracias por dar cabida a todas esas personitas. La mayoría solo dejan rastro en ti, una simple huella de bolígrafo.
Sinceramente no del todo tuya,
Yo