Hoy mi madre me ha dicho: "Si pusieras tanto interés en ciertos aspectos de tu vida, como pones en el arte, vivirías de otra manera". Y yo me questiono: ¿Para qué coño querré yo otra forma de vida?
Ir a la Iglesia para escuchar sermones vacíos, ideales políticos, formalismos estúpidos y críticas hipócritas.
O quizás ser una mejor hija para que mi madre no frunza el ceño.
O cerrar la boca y limitarme a sonreir cuando mi padre está alterado.
Decididamente, no me sirve para nada; no quiero cambiar.
Yo quiero seguir con mi arte, mis pensamientos enredados, mi desaliño, mi estado de pasotismo intemritente, mi activismo constante... Quiero seguir siendo yo.