Lo he probado todo: somníferos, meditación, ovejas merinas...
A veces hay luna, silencio, calma. No estoy sola. Se descuelgan sobre mi tripa pensamientos con ocho patas. Buscan huecos entre los dientes y se cuelan. Al final hay tantos que los escupo como una ametralladora. Abre un extraño la puerta y ¡pam! muerto a quemarropa por mi ráfaga de pensamientos.
Silencio en la noche,
ya todo está en calma,
ya todo está en calma,
el músculo duerme,
la ambición descansa.