Presentí que llegaba el final y todavía no había hecho la maleta para el viaje al limbo.
La fui llenando poco a poco de la paciencia de mi abuelo; de la sutilidad de la cultura japonesa; de la firmeza de Colin Beavan; de la constancia de las horas, del coraje de Nelson Mandela; de la imaginación de Roald Dahl; de semillas de rosas y girasoles... Pero antes de cerrarla, metí mi cuaderno de dibujo, mis pinturas y por supuesto mi cámara.
En el cami sonó Flume, Paper Bag y por último No más llorá. Me fui con la consciencia tranquila sabiendo que no me dejaba nada en el camino. Los recuerdos podían quedarse en el tercer cajón de la cómoda.
Lluvia de colores
Apocalipsis